Tema difícil el de hoy, psiqui, con su natural benevolencia, nos reta a un relato en el que tenemos que nombrar todas las fiestas nacionales. En fin, tiempo habrá para agradecerle el detalle, esto es lo que ha salido.
Estuvo dudando si llamarla por la Purísima o el día de la Constitución, pero al final, lo dejó para Navidad, pensó que era una fecha más adecuada. Pero en el ultimo momento, lo pospuso otra vez. Su timidez, le llevó también a desaprovechar un día tan especial como el primero de año.
Como regalo de reyes, tampoco hubiera estado mal, pero le pareció que era frivolizar el hecho y entró en el nuevo año laboral, sin los deberes hechos.
Tenía que hacerlo, era imperioso decidirse, hacía ya casi tres meses que se encontraban a la salida del trabajo y se iban al bar dela esquina a tomar un café, después se despedían y se iba cada uno a su casa.
Y es que la timidez es algo difícil de superar, no encuentras el momento, no te salen las palabras, prefieres hundirte en la oscuridad del anonimato.
Recordaba aquella vez que fue a la presentación de un libro de un amigo, y se quedó escondido entre el público sin atreverse a ir a felicitarlo. A veces pensaba que lo suyo, en vez de timidez, era gandulería.
Había conocido a Inés en una reunión de trabajo en la empresa. Ella trabajaba de secretaria en la novena planta y él en la décima.
Intercambiaron miradas furtivas, y de alguna manera, los dos se entendieron, los dos eran tímidos y apocados, y como tales, eran capaces de reconocer a los de su especie.
Quiso el destino que, aquel dia, a la salida del trabajo, se encontraran de nuevo en la cafetería de la esquina. Todos las sillas estaban ocupadas excepto la de enfrente de ella, y además, estaba solo a un paso y ella le estaba mirando. No tuvo más remedio que pedirle si se podía sentar.
Estuvieron hablando y comentando sus respectivas ocupaciones en la empresa, solo hablaron de trabajo, pero había nacido una relación.
Repitieron el encuentro, de lunes a viernes, y fueron pasando de temas de trabajo a temas más personales, música, libros, aficiones…tenían muchas cosas en común, el diálogo era fluido y fácil, la relación alegre y distendida, pero había que dar un paso más.
Y este paso era llamarla un día a casa para felicitarla por algún evento o con cualquier excusa y aprovechar para invitarla a cenar y para decirle de una puñetera vez, que la quería. ¡ Que los dos lo sabían coño¡
Pero había desaprovechado fiestas señaladas y fáciles, y ahora estaba en un brete, porque ni el 19 de Marzo, que era el día del padre ni viernes ni jueves santo eran fechas apropiadas.
Tuvo que echar mano del calendario y repasar las fechas disponibles. Realmente era complicado porque, dejando aparte obviamente el día del trabajo, el día del corpus era fatal, y no hablemos del doce de octubre, fiesta Nacional y de la Hispanidad, de amargo recuerdo.
Decidió cambiar de táctica, tendría que hacerlo cara a cara y a viva voz, después del trabajo, sentados en su mesa de siempre, en el bar de siempre, tenía que aprovechar, cogerle una mano, mirarla a los ojos, y decirle muy suavemente:
Te quiero.
Lo estuvo ensayando en su casa sentado en la mesa camilla, enfrente puso el ratón del ordenador. Era un movimiento suave, sin prisa, poco a poco, ir acercando la mano hasta cubrir la suya, sabiendo que ella no iba a retirar la mano, con decisión pero lentamente. El ratón, evidentemente, no se movió y se dejó cubrir suavemente.
Con la mano asida, todo sería mucho más fácil, a lo mejor, ni siquiera tendría que decir nada, ella le miraría dulcemente y el ya sabría que la respuesta era si.
Sus manos eran blancas, pequeñas, con unas uñas perfectamente recortadas, como un colegial. Se movían con rapidez mientras hablaba, tan pronto las tenia sobre la mesa, como jugaban con la cucharilla como se escondían en su regazo.
El las buscaba con la mirada, con la suya presta, esperando el momento propicio, como un gato al acecho, esperando…
Pero la mesa camilla era mejor aliado que la mesa del bar, y el ratón del ordenador, presa más fácil y mas tranquila, los obstáculos eran insalvables, nunca encontraba el momento, siempre había algo que evitaba la progresión de la mano.
Pasaron los meses sin poder llevar a cabo sus deseos. Se dedicó a amarla en silencio, sin decir nada.
El día de todos los santos, llamó ella. Era para decirle que se iba de vacaciones, que había conocido a un chico en internet y se iba a Barcelona a conocerle.
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